#cultura

¿Debemos comer carne?

Hay un velo en las cosas que hacemos, algo que no queremos ver, algo que está bajo la alfombra, detrás de la puerta oculta por mil peros y millones de justificaciones, aún así somos conscientes de la verdad.

Recuerdo que cuando era un infante mi madre intentaba hacer que yo comiera una plato de arvejas partidas muy seco que casi no podía engullir, acompañado de un pedazo de hígado de vaca, me decía –es res–, y yo no entendía a qué se refería, como no conocía la palabra me imaginé un dinosaurio y miré ese pedazo duro y frito de hígado, sentí un rechazo automático, eran esos días donde una madre aún se sentaba con un hijo para bien o para mal.

Sin embargo la sociedad haría su trabajo y me decanté por comer cualquier cosa que se me ponía en el plato sin ninguna reflexión. Luego me enteré de que habían persona que no estaban de acuerdo con ese sistema antiguo y que ahora se ha consolidado por los agronegocios y eso fortaleció mi decisión de empezar a cambiar.

De la “granja” a la nevera

Anuncios

Algunas reflexiones de Blanca Leonor Valera Gonzáles

Me parece que debemos tratar muy esforzadamente de aprender a pensar como peruanos. Es cierto que no todos podemos reflexionar en el mismo nivel de información y cultura, pero existe, debe y tiene que existir, un plano básico, estructural, de identidad que es imprescindible que todos los peruanos alcancemos. Sin este punto de partida casi elemental, jamás podremos organizarnos como un grupo humano capaz de compartir una memoria, por oscura y compleja que sea, y menos un futuro. De qué futuro podemos hablar si no sabemos quiénes somos ni de dónde venimos. Tenemos que aprender, entre muchísimas cosas, que toda ayuda o idea que venga de fuera, por noble y probada que nos parezca, por sí sola jamás será capaz de sacarnos del subdesarrollo ni de la crisis moral y material que estamos viviendo.

Aquí nadie es y hay que aprender a ser. La bastardía histórica que arrastramos nos ha convertido en una masa amorfa y desinformada, o lo que es peor, manejada por una información interesada que nos trata como a menores de edad, en el peor sentido.

En el Perú casi nunca se ha hecho política ni se ha gobernado. Se ha engañado, mentido, despojado, despreciado y odiado. Y sabemos que esto no es sólo asunto del presente. Se ha hablado y escrito sesudamente sobre ello, pero no lo suficiente. No es posible ocultar que la triste circunstancia que vivimos es el más tenebroso y corrompido fruto que nos da el pasado.

No quiero pensar que no existen perspectivas de cambio y mejoría. No me lo permito. Hay demasiada energía detrás de la violencia, hay demasiados jóvenes, demasiados peruanos por nacer y entre ellos, a pesar de mi años, quiero y necesito contarme.

Para concluir diré que no hay peruanos que son, hay muchos que lo parecen. Aprender a ver y sentir detrás de la máscara que lucen podría encarcelarla y convertirla, poco a poco, en un rostro legítimo.”